sábado, 19 de febrero de 2011

Hay que hacer como Heidi


AGGIORNARSE, ES SOBREVIVIR.

viernes, 28 de enero de 2011

El reto. (uno de mis dibujos)


...Buscar entre una multitud de ojos chusmas y expectantes la parte que te completa, puede que sea un reto. Intentarlo, es confirmar que tu corazon es tibio y aun late. Porque no hay que morir dejando pendiente esa materia...

miércoles, 26 de enero de 2011

A la mode´: Caperucita Geek

Caperucita2.0 dice: Abuelita? (envia un zumbido)
ABUELIIIIIIIIIIIIIIIIIIIITAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
Abuela podes prender la camara que te hice unos pastelitos y si te gustan te los llevo?

Abuelita dice: Ya prendo mijita. (iniciando video call)
A ver, a ver?

Caperucita2.0 dice: :) jua! ves?

Abuelita dice: Ay que belleza Caperucita pero esta por llover y me estaba por acostar.

Caperucita2.0 dice: Nah! Abu, no pasa nada! voy igual y antes de llegar te mando mensajito de texto.

Abuelita dice: Sos un angel mijita. Ponete un abrigo por si se larga! te quiero mucho.

Caperucita2.0 dice: SIIIIIIIIIIIIIIIII ya me pongo! Mira! me llevo la notebook y todo! muak! TE QUIEROOOOOOOOOOO ABUEEELIIIIIIIIIIIIIIITA!



NOTA: no te pierdas de ver este video de Caperucita2.0 BUENISIMO
http://www.puntogeek.com/2009/07/20/caperucita-roja-2-0-video-del-dia/

miércoles, 12 de enero de 2011

El problema esta en la mente



El problema está en la mente


El maestro se reunió con los discípulos. Uno preguntó:
-¿Dónde está el mayor problema?
-En la mente -repuso el mentor-. Si no se halla en la mente, no está en ninguna parte.
-Pero ¿cómo lograr que no se encuentre en la mente?- preguntó otro discípulo.
-En cuanto logres que por dentro tu mente esté silenciosa y, además, permanezca alejada de las circunstancias y los acontecimientos, o sea, no se deje influir por ellos.
-¿Cómo se consigue esto? -inquirió un tercer discípulo.
-Insistiendo, pacientemente, una y otra vez en esa actitud.
-Pero ¿lograremos hacerlo? - preguntó otro discípulo.
-¿Lo veis? El problema está en la mente.

fuente: "El arte de la Paciencia" de Ramiro A. Calle

martes, 28 de diciembre de 2010

El conejo de la luna.


Hace muchísimo tiempo había un mono, una zorra y un conejo que vivían juntos como buenos amigos. Durante el día se divertían en los campos y en los prados. Por la noche regresaban al monte siemre unidos y contentos.

Así transcurrieron varios años. Pero un día el Señor del Cielo oyó hablar de ellos y queriendo comprobarlo con sus propios ojos, se disfrazó de viejo vagabundo y se acercó por aquellas tierras.

- He viajado por valles y montañas, estoy cansado y me faltan fuerzas. ¿Me podrían darme algo de comer?
dijo dejando caer su bastón y sentándose a descansar.

El monito, aprovechando su agilidad, salió enseguida a buscar frutos de los árboles y se los trajo.

La zorra aprovechando su astucia le trajo peces del río.

El conejo corrió por los campos en todas direcciones pero no consiguió encontrar nada.

Cuando los tres volvieron, el mono y la zorra se burlaron de el: "NO SIRVES PARA NADA" entre risas murmuraron.

El conejo bajo la cabeza, se quedó triste y pensativo.
Al cabo de un rato, el conejito pidió que el mono fuese a recoger leña y que la zorra encendiese un gran fuego. Lo hicieron sin tardanza.

Entonces el conejo le dijo al anciano:
- Cómeme, por favor! es lo ùnico que puedo ofrecerte!
y arrojándose al fuego se ofreció en holocausto.

Al ver esto el “viejo vagabundo” experimentó un profundo dolor, y lloró copiosamente mirando al cielo. Luego, golpeando el suelo con su bastón exclamó:
- Todos merecéis mis alabanzas, pues habéis sido buenos y valientes. No hay ni vencedores ni vencidos, pero la prueba de AMOR del conejo ha sido excepcional.

Y volviendo el conejo a su forma original, llevó su cadáver consigo al cielo y lo enterró en el Palacio de la Luna.

Desde entonces, en las noches de luna llena quienes miran atentamente pueden ver un conejito...

ºIlustracion by  @Beele_Cruu (M. Arroyo)


martes, 19 de octubre de 2010

La Soberbia


La soberbia no es sólo el mayor pecado según las escrituras sagradas, sino la raíz misma del pecado. Por lo tanto de ella misma viene la mayor debilidad.
No se trata del orgullo de lo que tú eres, sino del menosprecio de lo que es el otro, el no reconocer a los semejantes.

Quizá lo más pecaminoso de la soberbia sea que imposibilita la armonía y la convivencia dentro de los ideales humanos. Nuestros destinos son enormemente semejantes: todos nacemos, todos somos conscientes de que vamos a morir, todos compartimos necesidades, frustraciones, ilusiones y alegrías. Que alguien se considere al margen de la humanidad, por encima de ella, que desprecie la humanidad de los demás, que niegue su vinculación solidaria con la humanidad de los otros, probablemente ése sea el pecado esencial. Porque negar la humanidad de los demás, es también negar la humanidad de cada uno de nosotros, es negar nuestra propia humanidad. No hace falta remontarse a la teología para convertir en pecaminosa la soberbia.

Ser soberbio es básicamente el deseo de ponerse por encima de los demás. No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo —salvo que nos fastidie mucho con los relatos de sus hazañas, reales o inventadas— lo malo es aquel que no admite que nadie en ningún campo se le ponga por encima.

En general, podemos admitir que nosotros tenemos cierto lugar en el ranking humano, y que hay otros que son más prestigiosos. Pero los soberbios no le dejan paso a nadie, ni toleran que alguien piense que puede haber otro delante de él. Además sufren la sensación de que se está haciendo poco en el mundo para reconocer su superioridad, pese a que siempre va con él ese aire de "yo pertenezco a un estrato superior".
La principal característica que tiene el soberbio es el temor al ridículo. No hay nada peor para aquél que va por la vida exhibiendo su poder, y sus méritos que pisar una cáscara de plátano e irse de narices al suelo. El ridículo es el elemento más terrible contra la soberbia. Por esa razón los tiranos y los poderosos carecen de sentido del humor, sobre todo aplicado a sí mismos.

La soberbia es la antonomasia de la desconsideración. Es decir: "Primero yo, luego yo y luego también yo." Tal vez, la soberbia sea una cosa sencilla: simplemente se trata de maltratar al otro. No importa tirarle el coche encima a un peatón que está cruzando con la luz amarilla, porque la prioridad para el soberbio es él mismo y sus necesidades. En ese grupo entran aquellos que deben dinero y difieren un pago sin importarles las carestías del que les prestó.

En materia de autoestima y de búsqueda de la cima ante los demás, los soberbios siempre están a la cabeza. Pero sus caídas suelen transformarse en tragedias que no pueden superar en sus vidas. Por ejemplo, las Escrituras dicen que Cristo derrotará a los soberbios y humillará a los grandes, porque en definitiva son los que más sufren en las derrotas y a los que tiene sentido vencer. ¿De qué sirve ganarle una partida, una batalla o una discusión a un pobre infeliz? No es algo que te haga pasar a la historia. Los soberbios que montan una escenografía de grandeza a su alrededor, son los preferidos para desafiar. Si vas a por los tímidos y los humildes no tiene gracia, porque esta gente casi siempre está esperando que los derroten...

Pero, ¿cómo evitar caer en la soberbia? El remedio es muy simple, pero a veces duro de asumir: ser realista. También es cierto, que en el otro extremo el exceso de humildad te pone por debajo del realismo. En esa actitud no valoras ni siquiera lo que tienes, lo que se puede transformar en una gran dificultad desde el punto de vista social. En primer lugar tú sufres, salvo que te complazcas morbosamente en tu nada y en tu pequeñez. Hay un mecanismo que utilizaba San Agustín que es bastante útil. En sus Confesiones dice: "Cuando yo me considero a mí mismo no soy nada; cuando me comparo valgo bastante". Es una frase llena de realismo. Cuando analizas lo que quisieras ser, tus ideales, tus bienes, etcétera, estas por debajo de lo que creías y querías; pero claro, cuando miras a tu alrededor la cosa no está tan mal. Por lo tanto, el extremo desordenado de la humildad —la humillación— es tan malo como el de la soberbia.

En definitiva la soberbia es debilidad y la humildad es fuerza. Porque al humilde le apoya todo el mundo, mientras que el soberbio está completamente solo, desfondado por su nada.